Es una opinión generalizada que la oposición demócrata a las acciones de Trump parece guardar silencio. No está claro si el partido se encuentra en una profunda crisis interna, tras haber provocado una derrota con repercusiones globales debido a la mala gestión de la campaña, o si el silencio es una estrategia deliberada para exponer la incompetencia y la mezquindad del presidente de la Casa Blanca y sus ministros. Sin embargo, el silencio demócrata ha sido frenado internacionalmente, en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, con la clara intención de tranquilizar a los líderes europeos. Esta tranquilidad es solo potencial, ya que se refiere a una victoria deseable, pero no segura, en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses. La intención principal parece haber sido denunciar la traición del presidente estadounidense a sus aliados europeos, un claro intento de establecer al Partido Demócrata como el único interlocutor serio de Estados Unidos con los gobiernos occidentales. En particular, el gobernador de California, Newsom, se ha presentado como líder de la oposición y posible candidato demócrata a las elecciones presidenciales de 2028. Según él, Trump es temporal y dejará el cargo en tres años. Según la legislación vigente, así será, suponiendo que Trump no cambie las reglas vigentes. Sin embargo, con la confirmación republicana, el actual vicepresidente, Vance, asumiría el cargo, y podría resultar incluso peor, si cabe, que el actual presidente. Ahora bien, incluso con una victoria demócrata, Europa no debe crear una excusa para no buscar la autonomía. Es importante recordar que, aunque de diferentes maneras, empezando por Obama y también por Biden, Estados Unidos ha desplazado su atención principal hacia el océano Pacífico, identificando a China como su principal rival comercial y geopolítico. Con Trump, la naturaleza de las relaciones con Europa ha cambiado, marcada por una arrogancia sin precedentes, pero los objetivos geoestratégicos son idénticos a los de los demócratas. La Unión Europea debe tomar precauciones a toda costa, desconfiando ya de su aliado estadounidense, especialmente en materia de defensa. Uno de los logros de Trump ha sido precisamente acelerar este proceso y reconocer que los valores de «Make America Great Again» no se alinean con los ideales fundacionales de la Unión Europea. Pero la relación con Europa, también criticada por el caso Groenlandia y los aranceles, no es el único punto destacado por los demócratas: abandonar la lucha contra la emergencia climática, favoreciendo el consumo de energía procedente del petróleo, el gas y el carbón, está haciendo retroceder a Estados Unidos dos siglos. Este comportamiento es particularmente impopular en Europa, cada vez más sensible al problema de la contaminación. La creciente desigualdad económica también está llevando a Estados Unidos a un autoritarismo desenfrenado, que no tranquiliza a sus socios europeos. Presentar estos argumentos a los países de la UE es un paso importante para reforzar la posición de los demócratas ante los gobiernos occidentales. No es que sea demasiado difícil: los efectos de las políticas de Trump han generado una gran inestabilidad en las relaciones internacionales, que deberá remediarse si gana las elecciones presidenciales. Esta contratendencia podría ocurrir en las elecciones de mitad de mandato, minando la confianza de Trump. En cualquier caso, la necesidad de los demócratas de presentarse como interlocutores fiables también sirve para tranquilizar a los mercados y establecer una base fundamentalmente diferente con sus aliados europeos, a partir de ahora: una oportunidad que todos los miembros de la UE también deberían aprovechar.
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