El siguiente objetivo de la estrategia política y militar de Israel se desplaza del ámbito chií al suní. Tel Aviv, mediante declaraciones de diversos políticos, incluso de alto perfil, ha amenazado explícitamente a Turquía, calificándola de nuevo Irán y subyugándola a Qatar, ambos acusados de intentar extender su influencia desde Siria a todo Oriente Medio. La presencia de más de veinte mil soldados turcos en Siria representa un obstáculo para el objetivo expansionista que Tel Aviv se ha propuesto, tras la intervención en Líbano. La imposibilidad de un conflicto militar se transforma así en una cuestión diplomática, que no solo afecta a Turquía y Qatar; el objetivo más amplio es impedir la formación de una coalición más compacta y cohesionada de países suníes, como Egipto y Arabia Saudí, esta última aparentemente ajena a la tentación de los Acuerdos de Abraham, precisamente debido a las operaciones militares inescrupulosas de Israel. Los efectos del debilitamiento de Irán y sus aliados han propiciado, en última instancia, un resurgimiento de las posturas políticas suníes. Aunque existen algunas diferencias de opinión, comparten un interés estratégico y geopolítico en limitar el papel de Israel en la región, favoreciendo así una mayor prominencia en Oriente Medio. Esto ha conllevado una restricción de la libertad militar que Israel se ha arrogado con su doctrina de ocupación en Líbano, tras la continua matanza en Gaza. Entre los aliados suníes se encuentra Pakistán, otro actor que aspira a una mayor influencia internacional. Sin embargo, la mayor preocupación de Tel Aviv es Turquía, tanto por la capacidad de su ejército como por su ambición de ser la fuerza motriz de la coalición suní, pero sobre todo por su pertenencia a la Alianza Atlántica, lo que hace prácticamente imposible un posible ataque, incluso una amenaza, de Israel contra Turquía. Además, las relaciones entre Trump y Erdogan son actualmente excelentes, lo que complica enormemente las ambiciones de Israel. Sin duda, un ataque contra Ankara pondría a prueba la fortaleza de la Alianza Atlántica, ya debilitada por el presidente estadounidense. Sin embargo, un enfrentamiento directo con Europa también debería ser un buen elemento disuasorio contra las actitudes desdeñosas de Tel Aviv. Sigue siendo, no obstante, una opción que no debe subestimarse y que debe ser cuidadosamente considerada por un Estado que prácticamente se ha convertido en protagonista, de forma negativa, de políticas autorreferenciales en el ámbito del derecho internacional y del uso indiscriminado de armas. Con la posible creación de esta alianza suní, la cuestión palestina volvería prácticamente a ocupar un lugar central, dado el apoyo, al menos declarado, de los países suníes a una resolución que favorezca un Estado palestino. También deben tenerse en cuenta los importantes recursos económicos de los países productores de petróleo, que podrían destinar a la reconstrucción de Gaza y a la liberación de los asentamientos de Cisjordania, reforzando así su prestigio entre todos los países suníes y, en general, ante la opinión pública mundial, que ha aislado a Israel, lamentablemente solo moralmente. Tampoco debemos pasar por alto la influencia que la prominencia internacional de Turquía tendría en el ámbito interno, donde Erdogan enfrenta crecientes dificultades que siempre ha intentado resolver mediante la política internacional en lugar de acciones internas basadas en la represión y la supresión de la disidencia. Más allá de las implicaciones internas, que en cualquier caso serán monitoreadas de cerca, será necesario seguir de cerca la evolución de la política interna israelí para determinar el rumbo que podría tomar, especialmente si el gobierno actual fuera derrotado. Las amenazas del vicepresidente estadounidense contra Tel Aviv fueron una novedad para el gobierno de Washington, que hasta ahora no ha tenido el efecto deseado, pero han sentado un precedente significativo. Si se producen nuevos acontecimientos, junto con el surgimiento del bloque suní, representan una peligrosa advertencia para Israel: su reacción está por verse.
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