La amenaza es real: el Pentágono está considerando una revisión de la presencia militar estadounidense en los estados europeos de la Alianza Atlántica. La posibilidad de una reducción en el número de tropas, bases y capacidades militares parece haberse vuelto muy real. La fecha prevista para conocer el futuro de la presencia militar estadounidense en Europa es el 6 de noviembre, cuando el Pentágono presentará al menos cuatro opciones diferentes para el despliegue de fuerzas militares. Las relaciones entre los estados europeos y el presidente Trump no son optimistas, y los países de la Alianza Atlántica temen una reducción significativa en el número de tropas presentes en sus territorios, donde actualmente se encuentran estacionados aproximadamente 80.000 soldados estadounidenses. La verdadera amenaza es que los países que no hayan brindado el apoyo solicitado por la Casa Blanca en el conflicto contra Irán sean penalizados. Desde un punto de vista político, la decisión de los países europeos de no ceder sus bases fue correcta, ya que la administración estadounidense había lanzado una guerra sin notificar a sus aliados, según el protocolo, y por lo tanto sin tener en cuenta posibles, pero ciertas, discrepancias. Incluso desde una perspectiva regulatoria, el derecho de sobrevuelo, estacionamiento y aterrizaje para aeronaves militares estadounidenses, consagrado en los tratados de la alianza, se ha respetado en las circunstancias en que se denegó; sin embargo, la aversión de Trump a las normas y los procedimientos es bien conocida, y sus negativas constituían afrentas personales al presidente de la Casa Blanca. Una posible interpretación es que la administración estadounidense busca renegociar los términos de uso de las bases extranjeras, amenazando con reducir su presencia en Europa. Según los miembros de la Alianza Atlántica, una reducción unilateral de las tropas estadounidenses no sería posible sin acuerdos previos, pero las intenciones de Trump ya estaban presentes desde que asumió el cargo, cuando criticó a los miembros europeos de la Alianza Atlántica por no contribuir lo suficiente al presupuesto y por dejar la mayor parte del esfuerzo a Estados Unidos. Es un hecho que las inversiones europeas en defensa se han estancado, y también es cierto que durante muchos años la actitud ha sido prácticamente delegar por completo la defensa de Europa a Estados Unidos. La política estadounidense, sin embargo, no puede, en este momento, desentenderse demasiado de Europa, especialmente ahora que ha emprendido el camino de sanciones más severas contra Irán. Necesitará un mayor apoyo de los países europeos, también en aras de contener a Rusia, que probablemente se alineará con Pekín del lado de Teherán. En cualquier caso, Estados Unidos no exigirá, a cambio, una ampliación de los acuerdos de bases europeas, sino un enfoque diferente, a su favor, en cuestiones relacionadas con el espacio, la ciberseguridad y la infraestructura de inteligencia. Si los estados europeos han de ceder en algo, deben acelerar el proceso de liberarse de la defensa estadounidense y convertirse en una entidad cada vez más autónoma. Este proceso no puede ser instantáneo, sino que debe implicar inversión económica y normas políticas. Esto no significa suspender la alianza con Estados Unidos, sino protegerse de aquellos que no comparten la necesidad de un actor europeo de primer nivel. La guerra de Ucrania, a pesar de su dramatismo, puede impulsar este proceso, gracias al vacío que dejan los estadounidenses, que solo puede ser llenado por un actor europeo, ya que está físicamente más cerca y, por lo tanto, más involucrado.
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